jueves, 22 de noviembre de 2012
PROSPERIDAD
Mi primo Isma me recomendaba que cuando fuera a Madrid caminara siempre mirando hacia el suelo. Mirar hacia todos lados era un signo de provinciano que te daba más puntos a la hora de que te pudieran pegar el palo. Nunca le hice caso, pues la Real Villa y Corte siempre me pareció un lugar fantástico donde historia, arte, literatura y cine se presentaban ante mi de una manera tangible.
Muchos años después, en un barrio que a primera vista me pareció insulso, divisé esta placa. Al leerla, comprendí la grandeza de las cosas pequeñas. Madrid hacía justicia a Gabriel Celaya. Un hombre así merecía vivir en un barrio con ese nombre.
http://www.poesi.as/gcel5500.htm
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