viernes, 23 de septiembre de 2011

La Música amansa a las fieras...y a los fieras.

Me gusta la música. De todo tipo. Desde Rosendo a la ópera, pasando por Sabina y las canciones de la tuna. Y hoy ha sido un día afortunado.
Acabo de llegar de ver en el Alkazar de Plasencia cómo un coro de adolescentes son capaces de ponerme los pelos de punta.
Los chicos del coro, cómo los de la peli, son un puñado de disciplinados gabachitos que durante dos horas nos han deleitado con unas canciones que parecían más salir de un coro de ángeles que de la boca de esos impúberes.
Por un momento, cerré los ojos y mi mente voló hacia un paisaje idílico con esa maravillosa música de fondo.
De pronto, la magia se esfumó: Un par de butacas más arriba, una señora se esforzaba por encontrar su teléfono en las profundidades de un enorme bolso que parecía estar dispuesto a tragarse a su propietaria.
Para mas inri, la melodía no era un absurdo ring ring, ni tan siquiera un aria que hubiera hecho juego con el entorno. Era un "chunda chunda" machacón, de esos que invaden los maleteros de los coches en los botellones.
De mi paisaje, pasé rapidamente a calcular tiempo y distancia. El salto que debía pegar para alcanzar el saco, meter la mano en él, esquivar las miles de trampas que debía contener, cojer el puto móvil, apagarlo y posteriormente y con mucha delicadeza, hacérselo tragar a su propietaria.
Afortunadamente para todos, la señora apagó el móvil antes de terminar con mis cálculos y a mis oidos volvió esa Música con mayúsculas, que iluminó el lado oscuro de mi fuerza.
Ha sido un placer.

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